Los nabis (I)

En 1891 los nabis encuentran en Le Barc de Bouteville, 47 rué Le Peletier, un marchante que les monta su primera exposición, a la cual se unen Toulouse-Lautrec, Emile Bernard, Louis Anquetin y Charles Filliger. En octubre del mismo año, los hermanos Alexandre y Thadée Natanson fundan la Revue Blanche, en la que Vuillard presenta su exposición particular a finales del mismo año. En la Revue Blanche los nabis conocen a Félix Fénéon, el agudo crítico, a Jules Renard, a Tristan Bernard y a Alfred Jarry, con quienes sostienen entrevistas.

Pero en las páginas de este periódico de vanguardia encuentran un refugio para sus dibujos. Además, han entrado en relación con Lugné Poé, el animador del Théátre Libre, y allí cuelgan sus telas, litografían las portadas de los programas y bosquejan los decorados, trabajo que proseguirán para el Théátre de L’Oeuvre (1893). Esto les permitió llevar a cabo, entre otras, la escenificación de las piezas de Oscar Wilde, Ibsen y Gerhardt Hauptmann.

En 1892 entra en el grupo Georges Lacombe, el Nabi escultor. En este mismo año tiene lugar el Salón de los Rosacruces, en el que participa Félix Valloton, un cáustico suizo originario del cantón de Vaud, que engrosará a partir de aquel momento el grupo de los nabis; también se unirá a ellos el húngaro Ríppl-Ronai, uno de los ilustradores de la Revue Blanche. Este último trae al grupo a Aristide Maillol que, en aquellos momentos, se dedicaba a la pintura y sobre todo a la decoración, antes de pasarse a la escultura. Verkade, el escasamente talentoso Nabi obeliscal llevado por su fe cristiana entra como novicio en el convento de benedictinos de Beuron, Alemania (1894).

Esta corriente de misticismo precipitará a Maurice Denis en un arte «sagrado» que muy pronto sabrá a academicismo. Muy distinto es el talento directo, sensible, brillante, a veces travieso, de Bonnard, quien en 1894 realiza el cartel de la Revue Blanche-, en aquella misma época, Vuillard decora con pinturas al temple la residencia de Alexandre Natán -son. Mientras tanto, las exposiciones de los nabis se suceden, un año tras otro, en Le Barc de Bouteville.

El 10 de diciembre de 1895, tiene lugar en la Maison de L’Oeuvre, con decorados de Sérusier y Bonnard, la primera representación de Ubu rey, que ejerce gran influencia en la pintura de este último. En 1900, año en que Vollard publica el Paralelamente de Paul Verlaine, ilustrado con litografías de Fierre Bonnard (sería muy interesante un estudio sobre las numerosas ilustraciones de libros que los nabis llevaron a cabo), aquellos Profetas participan en una exposición de grupo, que tiene lugar en la sala de los Bernheim-Jeune, 8 rué Laffitte.

A partir de aquella fecha, el grupo inicial se disloca. Los débiles quedan ahogados por quienes imponen su personalidad a su paso por el cenáculo. Estos últimos son Bonnard, Vuillard, Valloton, Maurice Denis y Maillol.

En cabeza figura Fierre Bonnard (Fontenay-aux-Roses, 1867-Le Cannet, 1947). Tras sus inicios dentro de una especie de «modern style», Bonnard ha sido el pintor de escenas íntimas a la luz de la lámpara, de niños saliendo de la escuela, de desnudos femeninos perfilados en el vano de una puerta o tendidos en bañeras que, bajo su pincel, se convierten en estuches de lo maravilloso. Su obra, civilizada y agreste a un tiempo, es un prolongado elogio de la mujer en un espacio cotidiano que supo impregnar de magia.

Con una paleta pizarrosa y dorada, Bonnard ha evocado París, sus plazas, sus bulevares con sus perros callejeros o de casa rica, sus cafés y sus transeúntes en las plazas de Montmartre. También es el artífice de los mediodías en la casa de campo con las puertas abiertas al verano, el pintor de ramilletes de amapolas y de meriendas bajo los árboles en torno a tartas sobre las que pasan zumbando las avispas.
historia del arte
Portada de la Revue Blanche de Pierre Bonnard (Museo de las Artes Decorativas, París). Esta famosa litografía que sirvió de portada a la publicación de vanguardia que fue una especie de reducto nabi y el órgano constitutivo del modernismo francés, muestra claramente la influencia que como dibujante recibió Bonnard de la obra de Toulouse-Lautrec.

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