El santuario de La Venta

Los más importantes hallazgos producidos en el sur de la costa del golfo de México proceden de un centro religioso llamado La Venta, situado en una isla en el río Tonalá, entre terrenos pantanosos y bosques de manglares del norte de Tabasco, en la frontera con Veracruz.

La Venta es uno de los emplazamientos, en el corazón de la cultura olmeca, que estuvo ocupado antes del 1200 a.C. y hasta el año 400 adobe, agrupadas alrededor de una plaza rectangular, y una tumba de grandes dimensiones, alzada con columnas y dinteles de basalto. Lo más sorprendente de tales construcciones es, a diferencia de otras culturas primitivas, la sencillez y la falta de pretensiones.

La elevación principal es un montículo redondo y estriado de unos 140 metros de diámetro y 33 metros de altura. Cuando se construyó este edificio era probablemente el de mayor tamaño. La cara norte domina dos patios adyacentes.

El primero está marcado por montículos paralelos, mientras que el segundo era un rectángulo hundido, pavimentado con baldosas de colores y rodeado por pilares de basalto natural, aunque ambos tienen en el suelo mosaicos de colores que representan máscaras de jaguar angulares.

Con todo, lo que más llama la atención de todo el santuario de La Venta son sus colosales cabezas localizadas frente las pirámides y que ponen en evidencia el control y dominio absolutos que sus artífices tuvieron sobre la piedra. Ningún material era demasiado duro ni demasiado frágil para estos magníficos maestros, que llegaron a atreverse con todos los tamaños.

Las mejores muestras de sus facultades creadoras son tal vez estas enormes cabezas, esculpidas sin cuerpo y sin cuello. El mayor de los monolitos de este tipo es una de las cuatro cabezas gigantescas. Su altura alcanza los 2,46 metros y su perímetro 6,35 metros. Se ha calculado que su peso debe oscilar entre las 15 y las 30 toneladas.

De este modo, la fabricación de tales obras hace pensar en la existencia de comunidades muy pobladas y jefes espirituales o reyes sacerdotes muy poderosos. Los habitantes de este emplazamiento no sólo erigieron altares y estelas monolíticas maravillosamente esculpidas, ni crearon únicamente guerreros y jaguares, sino que además trabajaron el jade de manera inimitable.

Las 16 figuras humanas rodeadas por seis columnas de piedra dura representan una de las más bellas ofrendas nunca descubiertas en Mesoamérica; son tipos achaparrados, pesados, de anchos hombros, piernas y brazos cortos, que representan una verdadera ceremonia.

La cultura de La Venta plantea muchos problemas no solucionados aún, y otros que parecen insolubles, entre ellos el siguiente: ¿cómo pudo este pueblo rodeado de marismas y bosques de mangles hacerse con bloques de piedra de hasta 20 toneladas extraídos de canteras que se hallaban a 100 kilómetros de su Ciudad Santa?

La extraña cultura de La Venta, cuyo arte alcanzó tal grado de desarrollo mil años antes de que empezaran las culturas clásicas, es -y probablemente seguirá siendo- uno de los grandes misterios de la época primitiva de México.

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Santuario de La Venta

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