Salvador Dalí

Construcción blanda con judías hervidas
o premonición de la guerra civil (1936)

Salvador Dalí

n. 1904 en Figueras, f. 1989 en Figueras

Oleo sobre lienzo, 51 x 78 cm
Filadelfia, The Philadelphia Museum of Art, The Louise and Walter Arensberg Collection
Hacia mediados de los años treinta, las obras de Salvador Dalí presentan títulos que sugieren una temática política. Entre esos cuadros destaca Construcción blanda con judías hervidas (Premonición de la guerra civil), del cual Dalí comentó: «Como pintor de paroxismos viscerales», seis meses antes de que estallara la Guerra Civil española, había pintado su «premonición, aliñada con judías hervidas. Representaba un vasto cuerpo humano de donde brotaban monstruosas excrecencias de brazos y piernas que se desgarraban recíprocamente en un delirio de autoestrangulación.»
¿Cómo valorar la dimensión política de este cuadro, que muestra las mismas características que tantas otras pinturas «apolíticas» de la misma época? La representación en sí no ofrece ningún tipo de explicación: una construcción de extremidades humanas descansa sobre una pequeña cómoda, un pie osificado y una mano nudosa. La imagen, que cubre el lienzo entero, está situada en la cala de Port Lligat. El fondo que lo abraza es un cielo preñado de desdichas. La «construcción» está coronada por un rostro masculino que exhibe una mueca de dolor y cuya insoportable tensión interna contrasta con
la falta de unión entre el resto de elementos individuales. Los diferentes miembros, ligados de forma dolorosamente indisoluble y a la vez completamente inorgánica, permiten establecer una comparación con la guerra civil, aunque subrayando más bien su carácter de catástrofe fatal que de acontecimiento histórico.
Este estudio se corresponde con la actitud marcadamente apolítica que Dalí manifestó durante toda su vida. De acuerdo con su anarquismo revestido de esnobismo, analizó circunstancias políticas o sociales, sobre todo para luego aplicarlas a su propia pintura. Por ejemplo, la glorificación de Adolf Hitler que los surrealistas tanto le reprocharon no surgió de su admiración por el dictador y su programa propagandístico, sino del poder de atracción estético-erótico que emanaba de la figura del Führer. A menudo, con las alusiones políticas, lo único que perseguía Dalí era potenciar la vertiente escandalosa de sus pinturas. Sobre las referencias a Hitler y al fascismo en sus cuadros, el pintor declaró en una ocasión: «Estaba fascinado por la espalda blanda y carnosa de Hitler, siempre tan apretada dentro del uniforme...».
El enaltecimiento del fascismo que aparentemente propugnaba Dalí motivó sus diferencias con André Bretón y acabó con la exclusión del español del círculo de los surrealistas. Mientras Dalí continuaba su búsqueda de lo sobrenatural, lo fantástico y lo neurótico en el sentido más amplio de la palabra, también en la representación de percepciones ligadas al momento contemporáneo, y se interesaba por determinados temas políticos a raíz de motivaciones puramente estéticas, lo que impulsaba al grupo de los surrealistas era el interrogante sobre si debían reconocer un compromiso político claro con el bando comunista o seguir limitándose a realizar acciones artísticas puntuales. Dalí no acertaba a comprender dicha actitud. Al fin y al cabo, sus obras, de ejecución virtuosa y escenificadas con una inagotable riqueza imaginativa y temática, representaban siempre una visión interior: «Mi única ambición en el ámbito de la pintura consiste en plasmar las imágenes de la irracionalidad concreta con la precisión más imperiosa...».

Construcción blanda con judías hervidas  

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