Historia del Arte

El Renacimiento en Europa Central

El renacimiento artístico que agitó a Europa durante el siglo XVI repercutió en muchos países. Pero también lo hizo, aunque de un modo particular, en Alemania. No fue en ella, igual que en Italia, una tentativa feliz de resurrección del arte clásico, ni fue, como en Francia y España, una penetración del arte italiano.

El Renacimiento que tuvo lugar en Alemania no fue sino una renovación intensa del espíritu germánico, que resurgía con gran intensidad sobreexcitado por la Reforma y por el afán de conocimientos, tan intenso en todo el mundo por aquellos tiempos en los que los cambios se producían a gran velocidad, en comparación con la relativa inmovilidad de siglos anteriores.

Mientras en la odiada Roma de los papas, en la Babilonia apocalíptica de los dibujos de Durero, se levanta la colosal obra de San Pedro y tantas otras iglesias y palacios maravillosos, en Alemania, agitada como pocas naciones por las luchas políticas y religiosas, apenas en algunos edificios públicos, casas gremiales y palacios municipales hacen aparición las formas de una nueva arquitectura.

Y no es porque la Reforma de Alemania fuese deliberadamente contraria a los asuntos de arte. Las grandes iglesias y las catedrales góticas se conservaron casi intactas; por otra parte, Melanchthon recomienda conservar también las vidrieras, “porque ellas nunca fueron objeto de culto”. En muchas ciudades la Reforma se operó gradualmente, lo mismo que en los espíritus. Los resultados y la trascendencia de la Reforma no se hicieron patentes sino hasta más tarde. Como es lógico, la ruptura con Roma no hubiera sido completa si no hubiese convenido por razones económicas y políticas.

De este modo, en Alemania lo más singular es la insignificante penetración del arte italiano, que, sin embargo, se reconoce como superior a todos los demás. Por ejemplo, la mayoría de los literatos y artistas alemanes del siglo XVI han viajado por Italia, y Alemania, a su vez, está llena de arquitectos italianos, cuya eficacia, en el sentido de hacer prosélitos, parece mucho menor que la de los italianos que trabajaron en Francia y España. La corte nómada de Maximiliano y de Carlos V tiene su residencia oficial en Augsburgo, en la Alemania del Sur, y por esto la influencia italiana resulta allí más sensible; en cambio, en el Norte se deja sentir mucho más la influencia de los Países Bajos.

Vistas estas ideas generales sobre el arte del Renacimiento en el país germano, hay que pasar a analizar las obras que le son propias en este período de tanta trascendencia. En Alemania, el más famoso monumento del siglo XVI es el castillo, hoy desgraciadamente en ruinas, de Heidelberg, incendiado por los franceses durante las guerras de la Revolución y restaurado sólo en parte años después. La situación del edificio, en la vertiente de una verde colina que se alza sobre el curso lento del río Neckar, todo un lujo para la vista, es ciertamente admirable. El edificio tiene una planta cuadrada alrededor de un patio, y es una reunión de construcciones de diferentes épocas.

El ala del tiempo del elector Otón Enrique, llamada Otto-Heinrichsbau, de mediados del siglo XVI (1556-1559), que da fisonomía al castillo, fue añadida a construcciones anteriores y es de gusto flamenco muy acentuado; escultores de los Países Bajos fueron contratados para labrar las estatuas de las fachadas. El ala del tiempo de Federico IV, que ha sido restaurada, es una imitación de la anterior, pero resulta más sensible la influencia flamenca; los altos piñones de las fachadas rematan en una silueta curvilínea, como los edificios de Flandes y Holanda.

Este es casi el único edificio principesco de la época que se conserva en Alemania, pero las grandes ciudades libres poseen aún espléndidas casas comunales en las que se percibe también algo del estilo del Renacimiento. De este modo, algunas tienen logias o pórticos inferiores (que en alemán se denominan Lamben), con una terraza o balcón en el primer piso; en los pisos altos, entre grandes ventanales, aparecen las estatuas de reyes y héroes semimitológicos. Entre otros Rathaus o palacios comunales deben citarse los de Schweinfurt, Leipzig y Bremen.

el renacimiento

Fachada del ala Otto-Heinrichsbau (Castillo de Heidelberg). Mientras en el resto de Europa el gótico mantenía su vigencia, la arquitectura renacentista alemana imitaba el estilo de la Cartuja de Pavía, como manifiesta el Castillo de Heidelberg. Construido entre 1556 y 1559 siguiendo la estela de la arquitec tura manierista alemana, el lado dedicado al elector Otón Enrique, acérrimo defensor del luteranísimo en la reforma universitaria tolerada por el rey Federico II, fue embellecida posteriormente con esculturas de la escuela flamenca de formas toscas y medievalizadas.

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