Historia del Arte

Pintura italianizante y la escuela de Fontainebleau

La pintura francesa del Renacimiento se italianizó aún más lentamente que la arquitectura y la escultura; en realidad, sólo puede citarse un pintor francés de esta época que fuera con provecho a Italia, realizando un largo viaje (1445-1448) todavía en pleno siglo XV. Estudió con el Filarete en Roma y se nombró a sí mismo:” el buen pintor del rey Luis XI, Jean Fouquet”. Se dedicó aún a la iluminación de manuscritos (el Josefo de Jacques d’Armagnac, el libro de horas de Etienne Chevalier y el Boccaccio de Munich), pero pintaba también retratos al óleo siguiendo la técnica que había visto en los grandes pintores flamencos.

Fouquet pasó la mayor parte de su vida en Tours, siendo ya reconocido como un gran artista por sus contemporáneos: “Fouquet empieza a volar tan alto -dice De Bastard-, que su lugar está entre los grandes maestros”. El fue el creador de la escuela del Loira, de la que surgieron los grandes retratistas del siglo XVI. Los retratos de Fouquet sobre tabla son obras maestras que muestran personajes penetrados de una serenidad tranquila, cubiertos con los ampulosos drapeados del gótico flamenco: Carlos VII, Juvénal des Ursins y, sobre todo, la maravillosa Virgen del díptico de Melun, representada bajo los rasgos de Agnés Sorel, prototipo de la belleza femenina de la época. Fouquet murió hacia 1480, antes de la llegada de los primeros pintores italianos.

La infiltración del arte italiano en la pintura francesa se intentó no sólo por la acción de las colonias de italianos de Amboise y Fontainebleau, sino también mediante la importación de pintores ilustres. Por ejemplo, Francisco I llamó a Andrea del Sarto y a Leonardo de Vinci, pero el primero permaneció poco tiempo en Francia y es fácil que en sus últimos años Leonardo sintiera más acentuada su antigua inquietud y deseo de perfección, que le convertían en un alquimista de la pintura. Leonardo murió en Cloux, cerca de Amboise, el 2 de mayo de 1519, apenas a los dos años de su llegada a Francia, circunstancia por la cual no es de extrañar que ningún edificio francés conserve rastro de sus obras.

De este modo, la verdadera influencia italiana se produjo cuando Francisco I y luego Enrique II organizaron grandiosos trabajos de decoración en el castillo de Fontainebleau. En 1530 llegó el florentino Rosso y dos años más tarde el boloñés Primaticcio. Ambos agruparon en torno a sí a gran número de pintores franceses que formaron con ellos la que se ha llamado escuela de Fontainebleau. Rosso murió en 1540, pero el Primaticcio siguió trabajando durante casi cuarenta años, hasta su fallecimiento en 1570. Al estilo que se creó en Fontainebleau, Rosso aportó ciertas reminiscencias miguelangelescas, el Primaticcio una languidez derivada de Rafael, y Nicoló dell’Abate (llegado en 1552) una gracia sofisticada que recuerda las figuras del Parmigianino.

Así Fontainebleau se convirtió en uno de los focos principales del manierismo europeo, con la línea grácil y alargada de sus figuras femeninas y con una fantasía intelectualizada muy francesa que selecciona voluptuosos temas mitológicos para representarlos con un sensualismo tan sutil que acaso puede calificarse de frígido. Las damas de la corte de los Valois se disputaban, sin sonrojarse, el honor de ser reconocidas bajo la figura de las diosas desnudas y complacientes.

Este erotismo frío de Fontainebleau produce obras célebres como la Diana Cazadora (Louvre), cuya silueta es casi la de un efebo, la Alegoría de la Paz (Museo de Aix), el retrato de Diana de Poitiers (Museo de Basilea) y Gabrielle d’Estrées con la duquesa de Villars, en el baño (Louvre) en las que el preciosismo de los detalles y la interpretación frígida y elegante del desnudo femenino se mezclan con una especie de erudición clásica, todo lo cual recuerda intensamente la poesía contemporánea de Ronsard y del grupo de la Pléyade.
pintura renacentista francesa
Virgen del Díptico de Melun de Jean Fouquet (Museo de Amberes). Pintada hacia 1450, al parecer, el rostro y la figura de la Virgen están inspirados en Agnés Sorel, amante de Carlos Vil y prototipo de la belleza femenina de la época. En esta tabla Fouquet no copia la realidad sino que la idealiza a base de volúmenes geométricos y colores irreales. La hoja izquierda del díptico, actualmente en Berlín, tiene el retrato del donante, Etienne Chevalier, gran protector de Fouquet, para quien éste realizó un maravilloso Libro de Horas.

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