El triunfo de la exuberancia

Así las cosas, el arte oficial que se desarrolló durante el siglo XVII bajo la monarquía absoluta de Luis XIV había impuesto en Francia un ideal artístico inflexible, completamente clásico en sus intenciones, y que sólo admitía la desmesura en lo concerniente al boato y encomio de la persona del rey y de sus grandes actos. El arte de la época de Luis XIV fue realmente ya un neoclasicismo que iba dirigido, por razones de Estado, contra el barroquismo que entonces se hallaba extendido por Europa.
Así, pues, el estilo rococó fue en aquella nación como una reincidencia en lo barroco, y es, verdaderamente, un aspecto del arte barroco. Pero, obviamente, si merece que le dediquemos un capítulo propio en la Historia del Arte debe de acreditar algo más que ser una prolongación del barroco. En algún momento una obra dejó de ser barroca para convertirse en rococó. ¿Qué será, pues, lo que del barroco distingue al nuevo estilo del siglo XVIII?
Wölfflin definió el arte barroco como aquel que, sucediendo al del Renacimiento, a él se opone. Según el razonamiento de este prestigioso historiador del arte suizo que consagró su vida académica al estudio del Renacimiento y el Barroco, este último estilo es el resultado de un conjunto de inquietudes que parten del arte renacentista para modificarlo, para darle nuevas formas. Asimismo, la hipótesis de Heinrich Wölfflin va mucho más allá y genera planteamientos que exceden el campo de la Historia del Arte para pisar territorios de la antropología, la filosofía y la psicología. Efectivamente, para Wölfflin ambos estilos artísticos, Renacimiento y Barroco, son mucho más que eso y responden a causas que exceden la pura cronología histórica con sus cambios sociales. Según él, se tratarían de dos categorías universales opuestas, de los dos grandes ejes que vertebrarían todos los demás conceptos artísticos. Volvemos, por tanto, a la necesidad anteriormente señalada que tiene la humanidad de pasar de lo clásico a lo libremente imaginativo.
El arte barroco es el típico de la Contrarreforma, y esto es verdad en tanto que su principal foco fue la Roma papal a caballo de los siglos XVI y XVII. Preconizaba la amplitud, el movimiento lineal, el retorcimiento, la exagerada riqueza decorativa. Es un arte que, en sus obras más características, acumula los elementos decorativos que le son propios.
Pero el estilo rococó no es precisamente eso, aunque del barroquismo recoge, principalmente, los elementos de irregularidad, el movimiento de líneas que ondulan. En realidad, es el fenómeno típico de una sociedad histórica y traduce también muy fielmente las ideas y la sensibilidad que caracterizaron a esa sociedad humana: el exotismo chinesco, la galantería y la ironía, la osadía de expresión, partiendo de un anhelo de elegancia y de claridad, y el interés por las pequeñas cosas naturales. Es un estilo que se aviene con la jugosa, clara e intencionada prosa de Voltaire, así como la pintura francesa larmoyante, de finales del mismo siglo XVIII, retratará la sentimental mentalidad humanitaria rousseauniana.
Este estilo se designó en francés rocaille (y en España "rocalla" se le llamó también durante no poco tiempo); pero ha prevalecido su designación por la voz "rococó", de tono más familiar. Un análisis de esta palabra aclarará, quizá, cuál sea su verdadero concepto. Esta voz rococó francesa es una composición (un raccourcí) de las voces rocaille y coquille, porque en los primeros diseños en que el nuevo estilo se manifestó en Francia, y que bien pronto trascendieron a otros países de Europa, había como una sugerencia de formas irregulares inspiradas en el aspecto de las rocas marinas que llevan adheridas algas y conchas. Donde tales formas se revelan más representativas es en las cartelas ornamentales. Ya algunos diseñadores y grabadores italianos del siglo XVII, como Stefano della Bella, habían propuesto algunos motivos caprichosos semejantes; ahora, tales motivos son como la marca distintiva del nuevo estilo que se está gestando. Son formas que, puestas generalmente al sesgo, prescindiendo de toda lógica geométrica, se basan en la asimetría y en el perfil ondulado de ciertas conchas de moluscos cuyo diseño remata una suerte de penacho en voluta y que se combinan, alusivamente, con otras formas que son propias del mundo vegetal, con sus ramificaciones, arborescencias y nudosidades. Inmediatamente después de su aparición, tales formas fueron aplicadas con ardor a los objetos de platería o de cerámica, a las boiseries y a los muebles, y sirvieron incluso para inspirar composiciones de carácter pictórico, en pinturas y grabados y cartones para tapicerías. El pintor Boucher fue uno de los que más las empleó.

Cómoda estilo Luix XV, de Charles Cressent
Cómoda estilo Luix XV, de Charles Cressent. El rocaille tardío, considerado despectivamente en los ambientes artísticos parisinos como una degeneración del rococó, estaba caracterizado por la incorporación de pedrería, paneles de laca oriental, frescos barnizados y revestimientos de seda, bronce y maderas exóticas en su decoración, combinando la comodidad con la elegancia de las curvas, tal y como ponen de manifiesto las dos estatuillas de doncellas que ornan este escritorio del siglo XVIII.