Historia del Arte

La columna Trajana

La columna Trajana se alza a espaldas de la basílica Ulpia, en la plaza situada entre las dos bibliotecas y el templo de Trajano.

Sobresale la superficie del fuste, completamente cubierta de bajo relieves que ilustran las campañas contra los dacios. El relieve se desarrolla en unos 200 metros, y en él se esculpieron más de 2.500 figuras: solamente la imagen de Trajano aparece no menos de sesenta veces. Este relieve devino el más extenso que la Antigüedad llegó a conocer.

Aunque se ha dicho que el emperador previo este lugar para su entierro, la columna contiene un panel sostenido por dos Victorias en donde se explica la finalidad de la obra “… para indicar la altura de la colina que con estas obras se arrasó”. La columna se erigió para indicar la altura del collado derruido para obtener el espacio destinado al nuevo Foro.

Sin embargo, el objetivo más importante del monumento era seguramente el de servir de tumba al emperador, pues la entrada que hay en el basamento conducía a una sala donde debieron depositarse sus cenizas.

Otra función debió ser la de conmemorar una victoria, en este caso, la conquista de la Dada, por eso se colocó la estatua del triunfador en la altura superior. Las monedas conservadas atestiguan que, en efecto, la columna estuvo coronada por la estatua del emperador hasta que el pontífice Sixto V la reemplazó por la actual efigie de San Pedro, erigida en el 1582.

Más que un carácter de celebración y alabanza, los relieves adquieren un valor documental, más si se tiene en cuenta que la columna se alza entre las dos bibliotecas siendo, por tanto, un libro más, aunque colosal. Estos relieves, ricamente policromados en su tiempo, fueron concebidos como un rollo gigantesco que se desenvuelve a lo largo de todo el fuste. Un libro de imágenes en los que podían leer incluso los analfabetos.

La columna se alza sobre un pedestal cúbico ornado también por relieves en sus cuatros caras, minuciosamente trabajados con el cincel y que muestran un variadísimo arsenal de batalla. En cambio, el friso, con su larga cinta esculpida, describe con minuciosidad las dos guerras dacias. La mitad inferior refleja la primera guerra (101-102), que empieza con la imagen del gigantesco dios fluvial del Danubio contemplando el paso de las legiones romanas sobre un puente de barcas, mientras que la mitad superior ilustra la segunda guerra (106-107), que acaba con la rendición de los supervivientes.

El cambio de escena no se adivina sino tras una detenida observación. Las imágenes corren unas tras otras, se yuxtaponen, sólo una Victoria alada, de perfil, que escribe en su escudo la crónica de estas guerras, es la única interrupción que padece el relato gráfico. Esta figura ofrece un descanso, un alto entre la narración de las dos batallas.

Es asombrosa la maestría para reproducir efectos de profundidad en un relieve de tan poco bulto, que en algunos casos parece estar simplemente dibujado con incisiones. Este espacio de horror vacui es lo que da al conjunto un aspecto tumultuoso, abigarrado, denso y confuso, que solo tras un detenido examen se va haciendo inteligible. Fue el primer monumento importante con bajorrelieves que rompía con el gusto por la tradición clasicista, imponiéndose ideas ya romanas.

La columna Trajana, obra de Apolodoro de Damasco, fue inaugurada en el año 113, y está situada en el Foro de Trajano, en Roma.

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Embajadores ante Trajano, detalle de los relieves de la columna Trajana.

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