Los grandes monumentos de Roma
En las paredes de un arco que mandó erigir Constantino con materiales más antiguos se han conservado, por ejemplo, varios medallones del tiempo de los Flavios que reproducen escenas de caza y sacrificio de extraordinaria belleza. No se conoce todavía el monumento que decorarían; durante mucho tiempo hubo de suponerse que habían pertenecido a un arco de Trajano o tal vez de Adriano, y hasta se creía reconocer en las figuras algunos de los personajes de la familia de este último emperador; pero los relieves o medallones a los que se hace referencia se han atribuido modernamente al tiempo de los Flavios y muestran aún vestigios de aquella finura helenística de los relieves augústeos con la perspectiva atmosférica que se les añadió después.
Además de los edificios ya citados, los emperadores Flavios construyeron unas termas, conocidas aún hoy por termas de Tito. En honor de Domiciano se erigió una gran estatua ecuestre en el Foro, se restauró el templo Capitolino y se construyó expresamente un edificio en el Esquilmo para que le sirviese de panteón de familia.
Esta misma actividad edilicia tenía que continuarse durante el extenso reinado del glorioso emperador hispano Trajano, nativo de Itálica, quien sucedió a Nerva, su padre adoptivo. Nerva apenas tuvo tiempo de edificar en Roma un Foro imperial, del cual aún quedan restos importantes; pero en los veinte años de gobierno de Trajano, desde el 98 al 117 d.C, todo el Imperio, principalmente Roma, se llenó de edificios suntuosos. Como típico ejemplo del arte imperial en tiempo de Trajano se hace referencia al bellísimo arco triunfal de Benevento, donde comenzaba la vía que conduce a Brindisi.
Este arco se construyó en el año 114 para conmemorar el gobierno paternal del gran emperador, que en la inscripción lleva ya el nombre de óptimo que el Senado le había conferido. Los relieves que decoran exteriormente los muros y la parte inferior del arco están consagrados a perpetuar la gloria de Trajano como príncipe perfecto, justo administrador y padre generoso de los ciudadanos de todo el Imperio. El excelso emperador, a quien, en los relieves de la columna que adornaba su Foro en Roma, se le ve combatir personalmente en las largas campañas contra los bárbaros, aquí está siempre representado en las escenas de paz, no como infatigable general, sino como el supremo magistrado de cuyas manos fluyen los beneficios sobre las vastas regiones cuyo gobierno le han concedido los inmortales. En lo alto del ático del monumento, a la izquierda, hay un relieve en que las tres divinidades capitolinas, Júpiter, Juno y Minerva, contemplan los generosos actos de Trajano y van a abdicar la protección de Roma en su favor.
En todos los demás relieves del arco de Benevento están representadas escenas de concesión de tierras a los veteranos, promulgación de privilegios a las provincias o recepción de comisiones de mercaderes, mientras en el fondo las divinidades menores de los puertos presencian, en forma de dioses desnudos, con áncoras como atributos, las liberalidades del emperador.
Pero los más interesantes de estos relieves para perpetuar el paternal gobierno de Trajano son los dos que decoran el interior del arco de Benevento. En uno de ellos, el emperador efectúa un sacrificio para inaugurar otra era de paz, mientras que en el de enfrente, el pueblo, rodeando familiarmente al cortejo de Trajano, lo aclama por sus múltiples beneficios; los pobres acuden con sus pequeñuelos
sobre las espaldas para presentarlos al gran magistrado, que extiende sobre ellos su mano justa y generosa.
En cambio, para glorificación de Trajano como militar y en recuerdo de sus campañas contra los partos y los dacios se levantó el grandioso Foro, al pie del Capitolio. El arquitecto director de la obra fue un sirio, Apolodoro de Damasco, a cuyas órdenes debió de trabajar toda una escuela de insignes artistas escultores, que decoraron el monumento con exquisitas balaustradas y relieves.
Del Foro de Trajano proceden un sinnúmero de fragmentos de sorprendente belleza diseminados por las iglesias y los museos de Roma: el águila de Sancti-Apostoli y otros dos medallones aprovechados más tarde para decorar el arco de Constantino. El conjunto del edificio era casi de grandiosidad oriental; un arco de triunfo daba acceso al patio porticado, que constituye el verdadero Foro, con la estatua ecuestre del emperador en el centro. A cada lado de este patio había un hemiciclo y en el fondo la basílica Ulpia, de cinco naves con dos ábsides. Detrás de ésta, dos bibliotecas, y en medio un patio con la columna triunfal, que tiene en sus cimientos una pequeña cámara, actualmente vacía, donde estaba el sarcófago del emperador.
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Anfiteatro Flavio, en Roma. Ésta es una de las construcciones más importantes que han llegado hasta hoy, no sólo de la época de los Flavios sino de todo el Imperio romano. En la imagen se aprecian los cuatro pisos que lo componen y las arcadas que, en los tres pisos inferiores, fueron ideadas para aportar algo de ligereza a la construcción. |
