Historia del Arte

Brassaï: La imagen, tal como se forma en la escritura automática (1934)

n. 1899 en Brasso (Hungría), actualmente Brasov (Rumania), f. 1984 en Beaulieu-sur-Mer (Francia)
Brassaï
Fotografía
En «Minotaure», n.° 5, mayo de 1934

En sus series de fotografías París de noche o París secreto, Brassaï (Gyula Halasz) dio muestras de su aproximación al surrealismo tanto desde el punto de vista de los temas como del de la atmósfera. Sin embargo, no entró en contacto directo con los surrealistas ni colaboró con ellos hasta comienzos de la década de 1930. Brassáí ilustró en varias ocasiones con sus fotografías textos publicados por Bretón en Minotaure; en este mismo contexto surgió también la imagen abstracta La imagen, tal como se forma en la escritura automática (L’lmage telle qu’elle se produit dans l’écriture automatique).

La fotografía, propuesta en el título como una alegoría o un símbolo de la écriture automatique, presenta sobre un fondo muy oscuro una especie de tela de araña plumada, imagen que, no obstante, cabría interpretar como un rayo cargado de electricidad en el cielo nocturno o como una planta acuática.

Los finos filamentos de la imagen se ramifican infinitamente; la impresión es de altísima complejidad o de excesiva regularidad como para haber sido creada por la mano del hombre, ni siquiera eliminando todas las instancias del control racional según lo previsto por la idea de un dessin automatique (dibujo automático). De este modo, un fenómeno natural se convierte en la imagen de un proceso que incluye una de las ideas centrales del surrealismo: la de lo irracional, lo casual, lo incontrolado.

Esta concepción dio lugar a una serie de fotografías realizadas por Brassáí en colaboración con Dalí bajo el epígrafe de «sculptures involontaires» (esculturas involuntarias). Los motivos de las mismas eran objetos de uso cotidiano manipulados de un modo inconsciente: billetes de autobús rotos, tiques de metro enrollados, papel inadvertidamente estrujado, pastillas de jabón, algodón comprimido.

Fotografiados a una distancia muy corta y bajo una iluminación de efectos mágicos, estos objetos banales se convierten en misteriosos, en cosas que, sometidas a un proceso inconsciente, se animan en cierta medida y adquieren una vida propia que hasta entonces nunca se les había atribuido. En las fotografías de Brassaï, la luz desempeña una función decisiva.

La penumbra, predominante en ellas, crea la misteriosa atmósfera que como factor de incertidumbre conscientemente utilizado ocupa también un puesto central en el mundo imaginativo del surrealismo. La proximidad de sus fotografías a las visiones surrealistas, no pretendida inicialmente, se refleja en una anécdota recordada por Brassaï en una conversación con Picasso: «Bretón me pidió unas fotografías de los mercados de París por la noche, del Mercado de las flores y de la Tour Si Jacques, para ilustrar su poema La nuit de tournesol.

Su texto apareció, con mis ilustraciones, primero en Minotaure y después, en Amour fou. Pero, contra lo que suponía el autor de Nadja, mis fotografías no fueron tomadas especialmente para él. Las tenía desde hacía algún tiempo, incluida la de la Tour St. Jacques tal como él la presenta “sous son voile palé d’échafaudages” (bajo su pálido velo de andamios)…».
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