Historia del Arte

Joan Miró: Mujer (1934)

pintores surrealistas

Joan Miró

n. 1893 en Montroig (cerca de Barcelona), f. 1983 en Palma de Mallorca

Desde 1934 y coincidiendo con el comienzo del período «salvaje» de su obra, la representación de la figura humana en Joan Miró se caracteriza por una crueldad y una desesperación que generalmente se relacionan con la situación histórica, que presagiaba la Europa fascista y la Segunda Guerra Mundial. Pero a la vez parece expresarse una visión de la mujer claramente misógina, una perspectiva caricaturesca y deformadora que da lugar a figuras equiparables a las criaturas femeninas que por las mismas fechas aparecen en los cuadros de Picasso.

Miró, que en esta fase de su obra pintó muchos de sus cuadros al pastel sobre papel de arcilla blando, no sólo sometió sus figuras a la misma metamorfosis cruel que Picasso, sino que además acentuó su deformidad con colores estridentes, cuya encendida intensidad se subrayaba mediante la técnica del pastel. El cuerpo de la mujer contemplada se representa blando y poco consistente excepto por el firme eje horizontal en el que a derecha e izquierda se sujetan las manos, que parecen garras. Por su materialidad y su forma el eje se asemeja a las formas óseas utilizadas por Picasso para los cuerpos de sus Bañistas a principios de la década de 1930.

También es similar la cabeza, minúscula en relación con el cuerpo, aunque los colores de la criatura de Miró hacen pensar en un pájaro. No obstante, es posible que se trate también de un insecto enorme con antenas que evoca una mantis religiosa, el ortóptero hembra devorador del macho tras el apareamiento, que tanto fascinaba a los surrealistas. La Mujer (Femme) mironiana es también una seductora de funestas consecuencias.

Aunque deforme, su amplio cuerpo ejerce una atracción intensa y envía señales a las que aparentemente el hombre no puede resistirse: senos y pubis, curvas de la cadera y abertura amplia de un cuerpo, eso sí, horizontal, todo lo cual ofusca la mirada e impide advertir los peligrosos atractivos de la figura.

Si la mujer mironiana de 1935 es angustiosa y obsesiva, la imagen de la Mujer desnuda subiendo la escalera en el dibujo a lápiz de 1937 resulta en verdad caricaturesca. Sobre un cuerpo de proporciones más o menos regulares, aunque poco atractivo, aparece una cabeza calva con una nariz enorme y, además, cargada con peso.

La mujer desnuda sube una escalera y con su postura artificial recuerda difusamente los desnudos académicos. No obstante, la fémina de Miró carece totalmente de belleza y de idealización. Lo único que retiene son sus atributos sexuales.

Si la concepción extremadamente negativa que Picasso tiene de la mujer a principios de la década de 1930 se explica por sus tensas relaciones con Olga, su primera esposa, en Miró no hay ningún tipo de motivos biográficos. «La palabra “amor”, no así el “acuerdo”, es una idea abstracta -dijo el propio artista en 1977 en una entrevista con Georges Raillard refiriéndose a la relación entre los sexos- pero la palabra “enamorado”, eso sí; los enamorados son formas que luchan, que se destruyen recíprocamente. Ahora bien, desconfío instintivamente de las ideas abstractas.»

Para mí, la forma nunca es algo abstracto, siempre es una señal de algo. … para mí, la forma nunca es una finalidad en sí misma.

Joan Miró

pintura surrealista

Mujer