El arte pictórico y la imaginería (I)

Calvarios románicos existen procedentes de varias regiones. Pero privativo de Cataluña, durante este período, parece ser el grupo dramático del Descendimiento con todos sus personajes.

Los más antiguos conocidos provienen de la misma baronía de Erill, ya citada al tratar de las pinturas del Pirineo leridano. Son los de Erill la Valí (cuyos personajes se hallan hoy repartidos entre los museos de Vic y Barcelona), el de Santa Maria de Taüll (en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona) y restos de otro procedente de Durro.

Por su estilo, todas esas tallas delatan ser de la misma mano, y el autor, al dar a esas figuras del drama del Gólgota actitud y facies doloridas, les comunicó una extraña apariencia asiática.

Esto se aprecia especialmente en la figura de María, con su cofia completamente hispánica (la misma que lleva puesta, por ejemplo, la Santa Sabina de San Vicente de Ávila de que se habló en páginas anteriores), pero, en este caso, aquel tocado acaba de comunicar a esas evocaciones de María un aspecto chino-búdico. El último gran grupo catalán del Descendimiento, ya del siglo XIII y de transición al gótico, es el que se conserva todavía en Sant Joan de les Abadesses, donde estuvo siempre.

Otra particularidad de la imaginería románica catalana es la Majestat o representación de Cristo en la Cruz coronado o con la cabeza desnuda y peinada con crencha y los bucles cayendo a ambos lados y vistiendo una larga túnica historiada, ceñida por un cíngulo. Es el aspecto que tuvo el antiguo famoso Cristo siríaco de Berito y el que reviste el ejemplar italiano bizantinizante conocido por Volto Santo, venerado en Lucca.

La Majestat de Caldes de Montbui (que es, de estas catalanas, la de aspecto más «majestuoso») fue quemada en 1936, y queda de ella tan sólo la cabeza; lo demás se ha reconstruido.
Sin embargo, están todavía intactas la de Beget y otra pequeña de talla finísima que, con el Legado Batlló, ingresó en el Museo de Barcelona. Otras también notables son las procedentes de Lluçà, que se encuentra en el Museo de Vic, y la de Cruilles, del Museo Diocesano de Girona.

De toda la época románica se conservan en Cataluña una muy abundante serie de tablas pintadas, piezas que son rarísimas en todos los países europeos. Estas pinturas sobre madera no eran iconos aislados, sino que formaban parte de la decoración de la mesa del altar y le servían de frontal en la cara que mira a los fieles.

Los colores están aplicados sobre una pasta de estuco de yeso, que a veces tiene relieves muy pronunciados, y sus coloraciones son tan brillantes como las de las pinturas murales. Los temas pintados en estos frontales, o antipendios catalanes, son también muy semejantes a los de los frescos: el Cristo o la Virgen dentro de una aureola, en el centro del rectángulo del frontal, y a sus lados los Apóstoles en zonas o fajas horizontales.

Más tarde los pintores aplican a estos frontales el repertorio de las leyendas de los santos de la Edad Media: San Martín, San Esteban, San Lorenzo, etc., a los cuales estaban dedicadas las iglesias.

Faltan en este tiempo, naturalmente, los grandes retablos puestos sobre el altar, porque el sacerdote oficiaba de cara a los fieles, y por esto quedaba libre la parte anterior de la mesa, donde estaban los frontales decorados. Por lo regular, sobre el ara no había más que la cruz y los cirios, y por otra parte, no era necesaria la presencia de tablas pintadas ni de otra forma de altar vertical, porque los ábsides, perfectamente visibles, estaban recubiertos de pinturas al fresco.

arte románico

Martirio de San Esteban (Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona). Fresco mural procedente de la iglesia de Sant Joan de Boí, que está datado en el siglo XII.

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