Los pintores holandeses del siglo XVII (II)

En Holanda, y en la primera mitad del siglo XVII, pintores como Abraham Bloemaert o el animalista Roelant Savery, demuestran tener una visión del paisaje completamente nueva. Con Jan van Goyen (1596-1656) este género entra en su fase de madurez y representa el primer paso para traducir en emoción humana el sentimiento oculto que hay en la naturaleza. La pintura de Van Goyen es de una entonación neutra, incolora; el cielo ocupa más de tres cuartos de sus cuadros, cubierto de nubes tenues y ligeras, como vemos en su Vista de Leiden (Pinacoteca de Munich), sus paisajes conservados en Dresde, su Vista de Dordrecht y los otros tres paisajes del Museo del Louvre.

Los dos pintores que alcanzaron mayor perfección en esta temática de la pintura en Holanda fueron Jacob van Ruysdael (1629-1682) y Meindert Hobbema (1638-1709).
Jacob van Ruysdael vivió la primera parte de su existencia en Haarlem, desde donde recogió amorosamente todos los aspectos del paisaje holandés; desde las llanuras cenagosas a los campos de trigo resplandecientes, desde los temporales durísimos hasta los paisajes inquietantes, en los que aún se respira un instante de esperanza ante la amenaza de la tormenta. En 1657 se estableció en Amsterdam y sus paisajes se hicieron cada vez más subjetivos, más líricos. El momento preferido por Ruysdael era la luz invernal o la de los días borrascosos de verano. La tristeza cósmica que inunda sus paisajes parece reflejar el terror ancestral de los holandeses ante las tempestades que tantas veces han borrado la línea de su costa y han asolado sus tierras. Él fue quien creó el cielo arquitectónico, con sus columnas de nubes y sus volutas componiendo una red vaporosa y errante. Así son el Bosque (Viena), el Pantano (San Petersburgo), el Paisaje de invierno con nieve y el formidable Molino en Wijk (ambos en Amsterdam), la Arboleda (Louvre) y el Cementerio judío (Dresde), en el que se inspiró Goethe para escribir su artículo «Ruysdael, poeta».

Meindert Hobbema, amigo y probablemente discípulo de Ruysdael, murió pobre y olvidado como él. Realista exacerbado, trabajó con una precisión analítica los primeros planos, sin que la minuciosidad del detalle perjudicase el efecto de conjunto.
Otros pintores mezclan al paisaje temas que no son propiamente paisajísticos (animales o figuras humanas a las que se concede un interés narrativo). Se trata de un subgénero pictórico que ha recibido el nombre de «paisaje anecdótico77, en cuya nómina figuran Paulus Potter (1625-1654) con, sobre todo, su obra El toro (La Haya); Albert Cuyp (1620-1691) y su Salida a paseo y Paseo (ambas en el Louvre), y Philips Wouwerman (1619-1668), especializado en la pintura de caballos, como se puede ver en la Batalla (Louvre) y Caballo blanco (Amsterdam).

Afines a los paisajistas son los artistas que forman el grupo de los pintores de marinas. Los representantes más característicos de este género fueron: Jan van de Cappelle (1624-1679), cuyas visiones del mar captan los efectos de luz sobre las aguas; Ludolf Backhuysen (1631-1708), pintor de los días borrascosos; Willem van de Velde el Viejo (1611-1693) y su hijo Willem van de Velde el Joven (1633-1707), que en ocasiones representó temas bélicos como en el Cañonazo (Amsterdam), que se ha convertido en una de las obras más famosas de la pintura holandesa.
Finalmente, hay que mencionar a los pintores de bodegones -Abraham van Beijeren, Willem Claesz Heda, Willem Kalf-, que, a diferencia de los temas de «naturaleza muerta» a la flamenca, representaban naranjas y frutas mezcladas sobre una mesa, formando parte de opulentas composiciones que se prestaban al lucimiento de la habilidad artística en grado sumo. Estos artistas convirtieron en tema preferente de sus cuadros lo que hasta entonces había sido tenido por accesorio; con ello alcanzó su emancipación definitiva el objeto, que no había dejado de adquirir importancia desde las representaciones incluidas en los retablos medievales.
arte barroco en holanda
Vista de Dordrecht de Jan van Goyen (Musée du Louvre, París). Esta obra fue pintada en 1643 por el llamado «poeta de las amplias soledades». El inmenso cielo lo domina todo hasta extenderse sobre tres cuartas partes de la tela, con sus nubes tenues y evanescentes, con su atrevida vivacidad atmosférica. Rechazando la composición barroca en diagonal de su época, Van Goyen buscó en la horizontal esa sensación del espacio infinito. Sus marinas, puertos y paisajes fueron elaborados cuidadosamente, en el interior de su estudio con una solemnidad casi religiosa.