Historia del Arte

René Magritte: El imperio de las luces (1954)

surrealismo

René Magritte

n. 1898 en Lessines (Bélgica), f. 1967 en Bruselas

El imperio de las luces (L’empire des lumiéres), motivo pictórico que René Magritte desarrolló con numerosas variantes en la década de 1950, presenta un escenario tranquilo. En una plaza silenciosa se alza una casa con un farol encendido delante de ella, en primer plano hay un árbol.

Las contraventanas de la casa están cerradas, excepto las de las dos ventanas del piso superior, en las que se ve luz. Todo es silencio. Los oscuros árboles que rodean la casa parecen velar la paz de la noche.

Pero poco a poco se advierte que una grieta atraviesa la representación; sobre el edificio y por encima de los árboles se divisa un cielo diurno despejado y lleno de corderos. Es parte del cuadro y, sin embargo, actúa como un cuerpo extraño, como un mundo contrapuesto, pues la luz que irradia no llega a la escena del primer plano. El día y la noche se entrechocan sin llegar a unirse. Forman parte de un mismo universo y, no obstante, son extraños entre sí, del mismo modo que los estados de vigilia y de sueño aparentemente nada tienen en común.

Magritte estaba fascinado por esta relación de contrarios, como comentó en un texto sobre El imperio de las luces: «La concepción de un cuadro, es decir, la idea, no se visualiza en el mismo: es imposible ver una idea con los ojos. Lo que un cuadro representa es lo visible a los ojos, esto o las cosas que tenían necesidad de tal idea. Esas son también las cosas representadas en el cuadro El imperio de las luces.

Mejor dicho, lo que aparece es un paisaje nocturno y por otro lado el cielo que podemos ver en un día despejado. El paisaje representa la noche y el cielo, el día. La evocación de la noche y el día tiene, creo yo, el poder de sorprendernos y fascinarnos. Designo este poder con el nombre de poesía. Si atribuyo a esta evocación tal poder es, sobre todo, porque siempre me han interesado el día y la noche, sin que jamás haya sentido preferencia por ninguno de los dos.

Este fuerte interés personal por el día y la noche es un sentimiento de asombro y de admiración. Cabría añadir que se trata de un enigma sin solución, que, además de provocar irresistiblemente el interés de Magritte, el pintor del misterio, se situaba en el centro de la ideología surrealista.

André Bretón, quien también habló de esta obra, subraya significativamente la estrecha vinculación entre la sombra y la luz: «Abordar el problema de qué es la luz desde la sombra y qué es la sombra desde la luz. En este cuadro se fuerzan tanto las ideas y convenciones por lo general aceptadas que quienes pasan rápidamente creen ver estrellas en el cielo durante el día» (1964).

Frente a las «ideas y convenciones comúnmente aceptadas», desde el Primer manifiesto suscrito por Bretón el surrealismo adopta nuevos puntos de vista. Se trata de concepciones que, en el ámbito de la creación, asignan más espacio a los procesos inconscientes que a la actuación racionalmente controlada.

El mundo de imágenes y conceptos del sueño es un factor muy importante en la génesis de las obras surrealistas, aunque cada artista trabaje de una manera totalmente distinta esta «cantera de ideas».

La nada es la única gran maravilla del mundo.

René Magritte

pintura surrealista

El imperio de las luces
Óleo sobre lienzo, 146 x 114 cm.
Bruselas, Musées royaux des Beaux-Arts de Belgique.

Volver a Surrealismo