Historia del Arte

Arquitectura de la India medieval

Por muy prestigiosa que hubiese sido la escuela Pala a los ojos de una parte del mundo budista, hasta el punto de asegurarle tal perennidad, está lejos de representar el arte medieval de la India: no es más que un fenómeno particular de este arte y su mismo conservadurismo no permitió las creaciones espectaculares realizadas en la misma época en otras regiones de la India.

A causa de la fragmentación política del país y, por lo tanto, de la variedad de los estilos locales, no es demasiado fácil estudiar esta producción en su conjunto. A decir verdad, esta producción ha obedecido a dos movimientos principales: por un lado, la utilización de principios comunes a todas las regiones y una tendencia general que podría ser calificada de moda; por otro, una diversificación debida a poderes políticos distintos y a menudo iguales en su poderío. Por otra parte, ateniéndose a la tendencia general y sin estudiar los detalles, es posible establecer algunas grandes líneas válidas para la evolución del conjunto.

Lo que sobresale durante la época medieval (a diferencia de las escuelas Pala y Sena, la destrucción masiva de cuyos monumentos no permite casi estudiar su arquitectura) es el desarrollo prodigioso de la arquitectura religiosa y el empleo simultáneo de la escultura en alto relieve como decoración o complemento arquitectónico: en ninguna otra parte como en la India medieval se puede constatar una combinación tan íntima de estas dos técnicas. No es ello una invención de la época; es, al contrario, la continuación lógica de las experiencias anteriores, sobre todo las de la arquitectura tallada en la roca como en Mahabalipuram, en tiempos de los Pallava (siglo VII), en la costa sudeste, o en Ellora (siglo VIII) en el oeste del Deccán, en la época de los Rastrakuta.

Pues, según las leyes de la indianidad, jamás ha habido mutaciones bruscas, sino una evolución efectuada de manera lenta y continua por una acumulación casi sistemática de elementos tradicionales, paulatinamente transformada. Dicha acumulación acaba tomando proporciones gigantescas y desemboca al fin en creaciones nuevas, aunque estas últimas puedan relacionarse por varios detalles con las épocas anteriores. Podemos observar la utilización de este procedimiento lo mismo en el Norte que en el Sur y veremos ahora como sus efectos se manifiestan de forma precisa.

Los tratados de arquitectura indios han propuesto varias clasificaciones de los templos: según una seudorrepartición geográfica o bien según sus formas. La primera toma su terminología de los nombres de comarcas o regiones: las categorías Nagara, Vesara y Dravida, que parecen aplicarse respectivamente a las provincias septentrionales, centrales y meridionales de la India. Dicha terminología tiene el inconveniente de designar tipos precisos de santuarios y de sobreentender que cada uno de ellos está localizado en una región determinada y exclusiva, lo que no corresponde a la realidad.

El tipo Nagara, por ejemplo, localizado en el Norte, se refiere a los tempíos de techumbre curvilínea, y sin embargo esta techumbre se ve también en el Sur, hasta en la región de Madras. Es, pues, más satisfactorio atenerse a una clasificación fundada en la morfología, tal cual aparece en los templos mismos, y verificar, cuando sea posible, su concordancia con las descripciones canónicas. La planta, por una parte, y el tipo de techumbre, por otra, son criterios precisos con ayuda de los cuales es posible observar el desarrollo de los templos de la época medieval.

Con el triunfo del brahmanismo y con la experiencia adquirida desde la época de los Gupta en lo referente a la construcción en ladrillo y en piedra, estaba abierto el camino para que el templo hindú (cualquiera que fuere su secta) conociese un desarrollo creciente, el cual se ha traducido en formas diversas, lo mismo en el Norte que en el Sur. Para satisfacer las necesidades cultuales y rituales, un templo hindú comprende por lo general el santuario propiamente dicho (garbhagrha), una antesala (antarala) y una sala de pilares (mandapa) situada en el mismo eje, a la cabeza del grupo.

El santuario contiene la imagen del dios y sólo el sacerdote puede penetrar en él -lo que implica una celda de pequeñas dimensiones, aunque el templo sea muy vasto-; la antecámara sirve para los preparativos del rito que el sacerdote debe realizar, bajo el pabellón hipóstilo se desarrollan ciertas ceremonias, a la vista de los fieles, y también danzas sagradas en honor del dios. Los arquitectos han combinado de diversas maneras estos tres elementos esenciales; con mucha frecuencia han sido dotados cada uno de una techumbre diferente, obedeciendo a una especie de jerarquía, en la que la del santuario es manifiestamente la más noble por su elevación, forma y decoración más rica.

En épocas precedentes eran normales tres tipos de santuarios: uno, de planta absidal, estaba cubierto por un semicilindro que abrazaba, la curva del ábside; los otros dos, de planta cuadrada, estaban cubiertos por una techumbre que se curvaba hacia la cúspide y por una techumbre piramidal escalonada. De ellos, el primero fue abandonado desde mediados del siglo IX (Vaital Deul, en Bhubaneswar). Se mantuvieron los otros dos, dando lugar a las más bellas realizaciones de la época medieval.

Arquitectura de la India

Santuario Vaital Deul.

Volver a Arte de la India