Lonjas de mar y pórticos abiertos

Monumentos peculiares de las ciudades de la Corona de Aragón son las lonjas de mar, edificios destinados a la contratación mercantil y administración de justicia en los pleitos marítimos.
Tres lonjas se conservan aún casi intactas: las de Valencia, Mallorca y Perpiñán; de la de Barcelona, construida en 1380-1392 por Pere Arvey, sólo queda su vasto salón principal, englobado en el actual edificio neoclásico; la de Mallorca, obra de Guillem Sagrera, iniciada en 1426, conserva en su fachada todo el sello típico del estilo racial; la de Valencia, realizada a fines del siglo XV por Pere Compte, es una impresionante monumentalización de estas salas de reunión góticas.
Otra lonja de este tipo debió de existir en Mesina, de la que aún se conservaba la capilla anterior al terremoto. Las lonjas de mar venían a ser lo que las antiguas basílicas de la época romana: una vasta sala con columnas para el público y algunas dependencias menores para el tribunal y los oficiales.
Además de estos edificios especiales para los mercaderes y armadores, abundaban en las ciudades catalanas los pórticos abiertos, lugares de reunión y contratación, parajes semipúblicos que estaban bajo la custodia de algún convento o cofradía. En Barcelona, el más importante de estos pórticos, decorado con pinturas, se hallaba al lado del palacio del Consejo Municipal y fue destruido al abrir la actual plaza de San Jaime. Otro existe aún delante de la iglesia de San Antonio, con tres crujías o naves góticas abiertas en la calle; otra logia o pórtico análogo se conserva todavía en Alcañiz.

arte gótico

Interior de la lonja de Valencia

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