El ocaso del arte egipcio (1)

Un peligro amenazador para el Imperio egipcio lo constituían los asirios, que se encontraban entonces en la cumbre de su poder.

El año 670 a.C. el rey asirio Asarhadón conquistó el Bajo Egipto y lo convirtió en una provincia de su reino. Poco más tarde, en el año 663, Assurbanipal saqueó la misma Tebas. Estos hechos trajeron la instauración de una nueva dinastía egipcia, la de los príncipes de Sais, y la apertura de un período de florecimiento artístico que se conoce bajo el nombre de período saítico.

Sais era una ciudad antiquísima del delta, la ciudad de la pasión de Osiris. Cuando se produjo la invasión asiria estaba gobernada por un príncipe valeroso, llamado Neco.

Enérgico y hábil, conspirando contra los nubios del Sur y contra los asirios instalados en el delta, consiguió hacerse el hombre indispensable para todas las combinaciones políticas de Egipto.

Cuando fue llevado prisionero a Nínive por los asirios, a causa de una conspiración tramada contra ellos con el soberano de Nubia, logró ganarse hasta tal punto la confianza de Assurbanipal que éste lo reintegró a su trono, cargado de honores.

Su hijo Psamético II afianzó definitivamente la dinastía de Sais que, en la lista de los genealogistas egipcios, lleva el número XXVI y reinó poco más de medio siglo, hasta la conquista de Egipto por los persas en el año 525 a.C.

arte egipcio

Representación ritual del alma (Museo Británico, Londres). Es una estatuilla saíta que representa el «Ka», el genio protector o el doble de cada individuo que siempre le acompañaba. En el otro mundo se reunía con el «Ba».

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