Historia del Arte

William Turner: Aníbal cruzando los Alpes

En Aníbal cruzando los Alpes (Hannibal crossing the Alpes), tal como indica la redacción del título, Turner presenta ante todo un paisaje. En primer plano se sitúan las tropas cartaginesas encabezadas por Aníbal que de camino a Roma se encuentran con una inmensa tormenta de nieve. Hay que precisar que en el siglo XIX la figura de Aníbal estaba muy de moda al relacionarse con Napoleón.

Pero el gran protagonista de la composición no es el general cartaginés sino la tempestad que están padeciendo sus tropas al cruzar los Alpes. Dicha tormenta parece haber sido tomada directamente del natural y luego interpretada por la imaginación del artista. El protagonismo de tal fenómeno atmosférico ha hecho que este lienzo sea también conocido con el nombre de La tormenta de nieve.

Es posible que la pintura describa la escena presenciada por el artista en 1810, en Yorkshire, donde pasaba una temporada en compañía de su amigo Walter Fawkes. Se cuenta que Turner admirado por la fuerza de una tempestad, tomó apuntes de color y de forma en el reverso de una carta, profundamente absorto, como en éxtasis.

Las figuras, a contraluz, no son más que pequeños elementos que animan la composición, fundamentalmente para expresar la grandeza de la naturaleza frente al ser humano, uno de los conceptos más utilizados por el Romanticismo. El ejército de Aníbal queda reducido a unos personajes minúsculos, es la naturaleza sublime la que los engulle. Su interés por los fenómenos atmosféricos le hará repetir esta fórmula de trabajo en múltiples ocasiones.

De hecho, es una pintura de historia, habla de las guerras púnicas, con las que hace un paralelismo con las guerras napoleónicas, pero Turner gira la pintura de historia dando importancia al paisaje. Une la pintura de historia y el paisaje para interesarse por efectos lumínicos y atmosféricos.

El colorido empleado sigue siendo oscuro, aunque aquí contraste profundamente con el amarillo de la luz de la tormenta, más aclarado por el blanco que utiliza en la zona de la derecha.
A petición de Turner, el cuadro presentado en la exposición de la Royal Academy en el año 1812, fue colgado muy abajo, a la altura de los ojos, a fin que los espectadores se vieran inmersos en el interior del gran torbellino que formaba la nevada y por tanto percibiesen “la impresión de terror y majestuosidad”. Esta ubicación provocaría un gran éxito en los espectadores, siendo enormente elogiado, aunque en un primer momento los organizadores se negaron a colocar un cuadro en una posición tan baja. Como era habitual, la tela estaba acompañada de unas poesías escritas por el propio Turner para la ocasión.

Se aprecia especialmente el interés por los juegos de luz y por las atmósferas, pero evoluciona hacia una técnica que diluye las formas en una polvareda muy luminosa. La gama cromática proviene de los venecianos, que tanta admiración causaron a Turner, y de la pintura de Rembrandt, de quien captará los contrastes de luz y sombra.

De igual manera las fuentes de inspiración del inglés más importante del romanticismo, se encuentran en los paisajes de Claude Lorrain, Nicolás Poussin y Dughet, por los cuales sentía también gran fascinación.

Este excelente óleo sobre lienzo, de 237,5 x 146 cm. y conservado en la Tate Gallery de Londres, deviene el símbolo de la estética de lo sublime y de lo pintoresco.

William Turner

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