Historia del Arte

El proceso constructivo de la catedral de Santo Domingo de la Calzada

Cuando en 1076 Alfonso VI de Castilla conquista La Rioja, otorga numerosos privilegios a Domingo en apoyo de su titánica labor asistencial. El tráfago masivo de romeros favorecerá también la renovación y engrandecimiento dejas dependencias religiosas: en 1106; una iglesia sustituye a la humilde ermita; en 1152 se convierte en colegiata y, en 1232, en con catedral del episcopado de Calahorra al fijar aquí su sede el prelado.

El proceso constructivo de la catedral

La catedral se levanta sobre el templo que según la tradición erigió el santo, muerto en 1109, con sus propias manos. J.G. Moya e I. Bango han trazado con rigor sus diversas etapas constructivas relacionando las fuentes documentales con el propio edificio. De acuerdo con los Anales Compostelanos, el obispo Rodrigo establece aquí, en 1142, una comunidad de canónigos y, en 1158, coloca la primera piedra de la iglesia, llamada a convertirse en una monumental basílica por la creciente devoción hacia el santo y por su estratégico emplazamiento en el Camino, factores favorables tanto para el desarrollo de la ciudad como para beneficiarse de las ventajas inherentes al intenso flujo migratorio jacobeo.

Las obras comienzan con unos planteamientos plenamente románicos por la capilla de San Bartolomé, y no por la absidiola central de la girola, como era habitual. No obstante, los trabajos avanzan con lentitud. De hecho, en 1181 se conceden indulgencias a los fieles que contribuyan a sufragar los gastos, participen en la construcción o presten bueyes para el acarreo de sillares.

La cabecera, de factura románica aunque modificada en el siglo XVII, debió levantarse en su mayor parte bajo la dirección del maestro Garsión, designado en los documentos coetáneos magister y fabricator del templo; su actividad al frente de la fábrica catedralicia se documenta desde 1162 hasta la fecha de su muerte en 1199.

Por lo demás, el edificio sigue el prototipo de las denominadas “iglesias de peregrinación”, y más en concreto la planta de la basílica compostela-na. Consta de tres naves, crucero, girola en torno al altar mayor con tres capillas radiales semicirculares (sólo se conserva la central) y tribuna.

El ritmo pausado de las obras se aprecia perfectamente en el deambulatorio (con siete tramos trapezoidales y dos cuadrangulares en los extremos), donde unas cubiertas de crucería, góticas, se superponen a unos pilares con columnas pareadas en sus frentes de ascendencia hispano-languedociana, aún románicos.

También la tribuna, dispuesta sobre el mismo, refleja la lentitud del proceso constructivo que concluye en las postrimerías del siglo XII. Planeada según el modelo compostelano, Bango resalta el notable cambio que se produce con respecto al proyecto original, tanto en el significado como en la función de este elemento arquitectónico, que aquí se reduce a una tribuna atrofiada, lejana de los amplios espacios de las iglesias de peregrinación, destinados, entre otras funciones, a albergar en diversas solemnidades a los numerosos fieles y peregrinos que acudían al templo.

El abovedamiento de la tribuna, que apuntala las cubiertas ojivales del presbiterio, constituye para el citado investigador un indicio claro de la inseguridad de un maestro de formación románica que utiliza fórmulas ya góticas, pero sin comprenderlas en su totalidad. Por esa razón no se atreve a prescindir de la bóveda de cuarto de cañón y no utiliza los arcos fajones a manera de arbotantes, como mas tarde harán arquitectos plenamente instruidos en el nuevo estilo en la tribuna de la catedral de Tuy o en la catedral de Ávila.
Concluida la cabecera, las obras avanzan con lentitud y desidia hasta el nuevo impulso constructivo que se produce en el siglo XVI.

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