Gustav Klimt: Esperanza I

Fue expuesto en la Kunstschau de 1909; el artista no había podido presentarlo en la individual organizada por la Secesión en 1903: «en la Viena del buen gusto hubiera habido una rebelión declarada», observaba Hevesi.

La obra constituía un auténtico atentado conta el puritanismo austríaco, hasta tal extremo de que su primer propietario, el industrial Fritz Wándorfer, financiador de los Wiener Werkstatte, la tenía cubierta.

Puede tener múltiples claves de lectura. El título tiene una connotación positiva, pero la atmósfera es inquietante y la misma expresión de la mujer, que se vuelve hacia el espectador, no resulta tranquilizadora.

Los «demonios de la vida» (Hevesi) visibles por encima de ella son interpretables como amenazas que se cierne sobre el que ha de nacer, pero Klimt mantiene una cierta ambigüedad. Aunque la protagonista lleva una corona de flores blancas, que parecen aludir a la inocencia, tiene una espesa cabellera roja, atributo recurrente de la feminidad peligrosa con el que el pintor caracterizaba a sus sirenas.

Podría referirse a la madre devoradora de sus propios hijos, tema mitológico utilizado por el psicoanálisis junguiano.

Ludwig Hevesi, que conocía de cerca las ideas del artista, habla de «cuadro simbólico, moderna versión del motivo tratado por Alberto Durero en El caballero, la muerte y el diablo», una de las obras más famosas del siglo XVI alemán.

Siempre crítico, como Klimt, con el conservadurismo vienes, ponía el acento en las veleidades de «emancipación general» de la época y la obra podría ser descifrada también como una protesta contra la hipocresía de la sociedad de finales del siglo XIX.

En el aspecto estilístico, anticipa el Expresionismo. Los cuadros klimtianos empiezan a cargarse de un acento oscuro; la cabeza deforme y sufriente del ángulo izquierdo se convertirá sin duda en motivo de inspiración para Egon Schiele, cuyo talento será puesto de manifiesto precisamente por Klimt.

arte e historia

Esperanza I (1903)
Óleo sobre lienzo, 181 x 67 cm.
Ottawa, National Gallery of Canada.

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