Naturalismo y magia

Pero ¿qué fue lo que impulsó al hombre del Paleolítico a la realización de estas pinturas? Ello continúa siendo un enigma. Algunos estudiosos sostienen que aparecieron en un momento en que el hombre disponía de cierto tiempo libre, probablemente provocado por vivir en una etapa de abundancia de productos que proporcionaba por entonces la Tierra. No obstante, esta teoría del arte por el arte no tiene tantos adeptos como la que sostiene que su principal finalidad era mágica, con un fin propiciatorio y/o sexual; lo cual explicaría muy bien ciertas características que ya se han comentado.
Uno de los hechos que más siguen sorprendiendo aún hoy en día de estas pinturas rupestres es el verismo con el que se representaban esos animales. Pero ¿por qué pintaban de esa manera? Parece ser que estas creaciones tuvieron una “función”: formarían parte de un ritual enfocado hacia dos de los aspectos más vitales del hombre de la época, es decir, la caza y la reproducción. Del primer tema es del que existe un mayor número de muestras, pues casi toda la iconografía se reduce a la animalística. El hombre paleolítico vivía fundamentalmente de lo que le proporcionan los animales, tanto su carne como sus pieles o sus huesos. De ahí que se plasmen escenas de caza. Partiendo de un instinto de posesión – pero al mismo tiempo, de su incapacidad para diferenciar lo que es real y lo que es imagen –, el hombre paleolítico creaba sus pinturas, en tanto que crear significa dar vida a algo. Obviamente, su meta era el parecido de esos animales que tanto ansiaba; y de ahí el naturalismo.
Aparte de esto, muchas de estas figuras zoomorfas, si los observamos, aparecen dibujadas o pintadas sobre las formas más salientes de las rocas, en especial en la zona del vientre, con lo que se reforzaba esa idea propiciatoria de la reproducción, y estilísticamente se refuerza su naturalismo ahora aprovechando recursos propios de la escultura – la tridimensionalidad –, como se puede observar en la “Gran Sala de los Polícromos” de las cuevas de Altamira.
Las escenas más abundantes, empero, eran las ligadas a la cinegética, más que las simples representaciones de animales. De esta manera, en un número elevado de ellas aparecían heridos, atravesados por flechas, lanzas u otras armas. El hombre paleolítico creía que, matando la imagen del animal, mataban asimismo el espíritu vital de la criatura, de forma que se facilitaba su caza.
Esto podría explicar, por ejemplo, que los detalles más naturalistas se centraran en las figuras de los animales, puesto que éste era el principal objetivo; mientras que las plasmaciones de las figuras humanas resultaban más bien esquemáticas, pues al fin y al cabo, no era lo que más importaba. De la misma forma, se podría justificar así que los animales más faciles de cazar o que eran más abundantes, no se solieran representar, puesto que los esfuerzos pictóricos de estas grutas iban encaminados únicamente para aquellos más preciados, escasos o difíciles de cazar.
Como ya se ha señalado anteriormente, no todas las escenas o figuras representadas se referían a la caza de los animales, sino también hay, aun siendo menor su número, unas cuantas relativas a la fertilidad o la fecundidad. En general, la localización de las pinturas rupestres no se encontraban en la embocadura de las grutas, sino en su interior. Quizás esto obedezca al deseo de introducirse “dentro” de la tierra, en sus entrañas, esto es: del origen creador de la Madre Tierra. El hombre de la época creía que de esta manera podía aproximarse a ese poder creador, y dc ahí que pintaran en lo más profundo de esas cuevas. Esto les condujo ese naturalismo, en ese deseo de imitar a la Tierra, en tanto que se entendía como creación.
Si bien se aplicó fundamentalmente a los animales, se ha encontrado algún caso excepcional referente a la fertilidad humana, lo que nos hace pensar que, en general, por aquella época, la especie humana no estaba tan preocupada en cuanto a su capacidad de reproducción como en la de las criaturas de 1as que dependía su subsistencia. La Cueva de Addaura, cerca de Palermo, en Sicilia, descubierta en la década de 1950, constituye una de las raras muestras sobre este tema.
No obstante, hay que recordar que no todo el arte de la prehistoria siempre fue tan naturalista: hay que pensar en el caso del expresionismo presente en las figurillas femeninas de las “venus”, realizadas con un mismo fin propiciatorio mágico-sexual, pero deformando y centrándose fundamentalmente en las zonas reproductoras; la abstracción de ciertos signos (interpretados algunos de ellos como calendarios lunares o solares), mientras que otros hacían referencia a marcas étnicas, etc.
Así pues, se ha entendido que en una sociedad en la que el hombre fundamentalmente se dedicaba a la caza, en correlación, las muestras pictóricas halladas hasta ahora se centran fundamentalmente en este mismo tema.

Caballos

Caballos, pintura de la cueva de Lascaux (Dordoña, Francia). La coloración y la definición del dibujo, su vientre, hocico, cola y crin suponen ya un profundo conocimiento técnico. La perspectiva empleada en la pintura y las imágenes sucesivas de animales que se encuentran en las paredes de la cueva son reveladoras de este hecho.