Historia de la Cerámica: Bizancio

En el año 330 d.C., Constantino proclamó como nueva capital del viejo Imperio romano la antigua ciudad griega de Bizancio, y se fundó el Imperio bizantino. La ciudad se consideró como la «nueva Roma» y se cambió su nombre por el de Constantinopla, en honor del emperador. Durante otros 1.000 años muchos aspectos del antiguo Imperio romano continuaron con el gobierno centrado en Bizancio, aunque gradualmente se desarrolló una nueva civilización. Sólo en 1453, cuando los ejércitos turcos, conquistaron Constantino-pía, desapareció el último vestigio del Imperio romano.

Geográficamente, Constantinopla tiene una situación fuerte y dominadora: situada en el punto de encrucijada de Europa y Oriente, sobre una vía marítima que une el Mediterráneo con el mar Negro, bien fortificada y con un buen puerto. La pequeña maravilla que es Constantinopla ha sido definida como la encrucijada del mundo. En diferentes épocas fue atacada por los cristianos, musulmanes y paganos y absorbió muchos aspectos de las diferentes culturas. Cuando el comercio estuvo en su cumbre, Constantinopla debió ser un increíble almacén con mercancías y gente de muchos países moviéndose a su alrededor.

Las primeras influencias pudieron venir principalmente de Occidente, pero el colapso de Roma como centro del Imperio, trajo cambios significativos. Pronto se mostró la influencia oriental en el arte, con un énfasis sobre el estilo formal, vivamente coloreado y ornamentado. En la mayor parte del arte que se conserva actualmente puede verse bastante claro este cambio, aunque en la cerámica el desarrollo es difícil de seguir, debido al número relativamente pequeño de vasijas encontradas.
A diferencia del Islam, Bizancio no prohibía el uso de vajillas de oro y plata para uso doméstico; la cerámica no fue tan apreciada y, como consecuencia, la artesanía no estuvo tan bien desarrollada. No hay evidencias, por ejemplo, de que se hiciese cerámica de lustre.

La cerámica de brillo rojo, que se había producido ampliamente a través del Imperio romano, continuó haciéndose en el Imperio bizantino durante algún tiempo después del 300 d.C., aunque las vasijas carecían de la precisión de las producidas por los romanos. El arte del vidriado al plomo, practicado por los romanos, se mantuvo y fue empleado durante los siglos vm y ix en una amplia variedad de formas torneadas. Se utilizaron los vidriados verdes y amarillos pálidos, así como otros vidriados más incoloros. Durante el período Isausico (712-876 d.C.) se utilizaron a menudo los vidriados verdes sobre algunas de las más agradables cerámicas bizantinas.

Teófilo, un monje que escribió sobre las artes y los oficios en el siglo XI, habla de las artesanías del vidrio y el dorado que estaban estrechamente relacionadas con la cerámica; pero sólo hace una referencia, de pasada, sobre ésta, indicando que la artesanía no era demasiado considerada en la época. Solamente durante el período de los paleólogos (1261-1391 d.C.), cuando el país se empobreció por las constantes guerras y trastornos religiosos y sociales, y la vajilla de oro y plata de la mesa real se cambió por la hecha de arcilla, la artesanía ganó en calidad.

Aún se están llevando a cabo muchas excavaciones para identificar todos los lugares en los que se hizo cerámica, pero los principales estuvieron probablemente en Constantinopla, Salónica y el Cáucaso, al sur de Rusia, Corinto y Chipre. El arte bizantino no comenzó a desarrollarse, como un estilo característico, hasta el siglo VIII y IX. Fue primordialmente un estilo basado en las creencias religiosas, pero artísticamente derivado de dos fuentes: una era el estilo grecorromano clásico y la otra el estilo oriental procedente del Este. El arte bizantino, a diferencia del estilo griego, no era naturalista, sino ritualista, mostrando, por ejemplo, en el tratamiento de los temas grecorromanos formas estilizadas.

Los amplios orígenes de muchos de los dibujos utilizados en la cerámica bizantina vienen indicados por los animales que representan; se muestra la paloma, un símbolo cristiano corriente, así como los patos que eran utilizados comúnmente en Egipto, como motivos decorativos de importancia simbólica o pictórica. También los peces representados con la boca abierta, recuerdan los utilizados por los egipcios. Los leones y leopardos de tipo heráldico, con sus largas colas ondulantes, reflejan la influencia occidental. Las liebres y los leones con cabeza humana son muy persas en su carácter.

El grifo y el centauro eran mitológicos más que representaciones de la naturaleza. Entre otros animales se presentaban ciervos, perros y gacelas pero, sin embargo, el animal favorito parece haber sido el águila, simbolizando la bondad, la actividad y el poder. Algunas veces se representó la figura humana en poses grotescas o formales, muy raramente se mostró de forma naturalista, reflejando quizá la actitud de la Iglesia bizantina que prohibía, por ser idólatra, la representación de la figura humana.

La cerámica bizantina puede dividirse burdamente en dos tipos principales: el primero, es la cerámica hecha con una pasta blanquecina vidriada y a menudo decorada con dibujos pintados bajo el vidriado; el segundo, es la cerámica hecha con arcilla roja recubierta con engobe blanco, a menudo con decoración esgrafiada.

Las cerámicas de cuerpo blanco constituyen el grupo más grande e impresionante de las cerámicas bizantinas y se desarrollaron alrededor del siglo IX d.C., bajo la dinastía macedónica. Entre otras vasijas se hicieron bandejas, platos, cuencos, copas, cubiletes y fruteros con altos pies huecos. El color, en la forma de bajo vidriado, se pintaba directamente sobre la vasija bizcochada blanquecina y el conjunto se recubría con un vidriado transparente. Se utilizaron varios tonos de marrón, así como amarillo, verde, azul y ocasionalmente rojo brillante en forma de pequeñas manchas y perfilados. En los dibujos se incorporaron cruces y rosetas, así como animales, figuras y pájaros. También se hicieron azulejos de arcilla blanca y decorados con color bajo el vidriado, para la decoración arquitectónica.

La cerámica sin decorar, recubierta con un vidriado amarillento, era tan barata como rápida de producir y se hizo en grandes cantidades para uso doméstico. Recipientes para líquidos, con la forma de jarro y cubiletes, fueron las formas más corrientes, mientras que también se hicieron platos, bandejas, coladores y recipientes para cocinar.

Un grupo de cerámica de cuerpo blanco se decoró con aplicaciones de arcilla y se conocía a menudo como cerámica de pétalos. A la vasija, mientras aún estaba blanda, se le aplicaban bolas de arcilla aplastadas; por un lado la bolita se alisaba sobre la pared de la vasija. El resultado tiene el aspecto de escamas de pescado o de pétalos. A menudo se utilizaron impresiones de sellos hechos de arcilla o madera para decorar los interiores de los cuencos. Los animales, reales o imaginarios, fueron temas de motivos populares.

historia del arte

Bowl bizantino, 1200 d. C.

Historia de la cerámica